Las emociones, sentimientos y estados de ánimo no sólo dependen de factores externos, sino también de mecanismos biológicos (neurotransmisores, hormonas) que controlan el cerebro. Algunas personas padecen el trastorno bipolar, antiguamente denominado psicosis maníaco-depresiva, que básicamente consiste en una descompensación de los mecanismos que regulan el estado de ánimo, éstas personas pasan de la euforia más intensa a la depresión más profunda.
A través de la comprensión de los fenómenos que explican los cambios emocionales, junto con el tratamiento farmacológico y el apoyo familiar/social, las personas que padecen alguna forma de trastorno bipolar, desde el más grave hasta el más leve, podrán afrontar su situación de una forma más libre y auténtica.
Las emociones guían y modulan nuestras vidas; son nuestro motor, constituyen el impulso que nos hace ir adelante, aunque no sepamos bien hacia dónde vamos. Si nos paramos a pensar qué es lo más importante para nosotros, nos daremos cuenta de que su importancia proviene de los sentimientos que depositamos en ello. Aunque pueda parecer obvio, resulta que aparentamos guiarnos por mecanismos racionales, incluso, somos tan vanidosos que nos autodenominamos Homo sapiens, como si nuestra sabiduría fuera nuestra principal característica, cuando el gobierno de nuestras emociones es lo que nos ha hecho progresar.
La revolución tecnológica es una suma de pequeños pasos, incomparablemente más pequeños que el de diferir una recompensa para obtener otra aún mayor un poco más tarde; esta misma revolución tecnológica, que se basa en el llamado método científico y que nos ha ayudado a comprender que ni somos el centro del mundo ni los protagonistas de la historia, ni tan siquiera los dueños de nuestras propias decisiones, recientemente nos ha permitido explorar un terreno absolutamente apasionante: las bases biológicas de las emociones.
Algunas personas se asustan cuando se habla de este tema, tal como ocurrió cuando Copérnico contradijo el supuesto de que la Tierra permanece inmóvil en el centro del universo, o cuando Darwin formuló la teoría de la evolución de las especies, porque el conocimiento abre puertas cerradas durante siglos que no sabemos adónde nos conducirán. Los recientes avances en genética suscitan interrogantes éticos ante el extraordinario poder que puede suponer la manipulación de estos conocimientos por parte de personas o grupos sin escrúpulos.
El progreso del conocimiento es imparable, el único modo de cumplir los requisitos éticos del progreso científico es utilizar mecanismos de control social, por lo que es imprescindible su divulgación. Las prohibiciones y censuras son inútiles y contraproducentes. No debemos temer el conocimiento, sino el uso que se hace de él más allá de los mecanismos de control democrático. Por ello es tan importante que todos tengamos una buena formación humanística y científica.
Actualmente sabemos que muchos de nuestros comportamientos aparentemente libres y racionales son impulsados por mecanismos codificados genéticamente y regulados bioquímicamente, y esto no implica un determinismo simplista; la constante interacción entre programación genética y circunstancias
externas modifica y condiciona a cada instante nuestra conducta. Son tantas las variables que intervienen en este proceso que, aparentemente, se comporta como el azar: cuando tiramos una moneda no podemos predecir con seguridad
si saldrá cara o sello, pero la ciencia nos permite algo aparentemente trivial y en realidad trascendental: por un lado, asegurar que si no sale cara es que ha salido sello; por otro, otorgar una probabilidad a cada fenómeno (en este caso, el 50%). Ahora quizás aparezca aquel meticuloso que dice que la moneda también puede caer de canto. Bien, en este caso, podemos afirmar que sólo hay tres opciones: cara, sello o canto. Cada una de ellas tiene su probabilidad.
externas modifica y condiciona a cada instante nuestra conducta. Son tantas las variables que intervienen en este proceso que, aparentemente, se comporta como el azar: cuando tiramos una moneda no podemos predecir con seguridad
si saldrá cara o sello, pero la ciencia nos permite algo aparentemente trivial y en realidad trascendental: por un lado, asegurar que si no sale cara es que ha salido sello; por otro, otorgar una probabilidad a cada fenómeno (en este caso, el 50%). Ahora quizás aparezca aquel meticuloso que dice que la moneda también puede caer de canto. Bien, en este caso, podemos afirmar que sólo hay tres opciones: cara, sello o canto. Cada una de ellas tiene su probabilidad.
Hay un gran desconocimiento de la enfermedad "Trastorno Bipolar" por parte de la población en general, agravado por los prejuicios y temores ancestrales que aún suscitan los trastornos psíquicos. Sin embargo, esta enfermedad tiene muchas semejanzas con la diabetes o la hipertensión arterial ya que, como en éstas, el tratamiento médico la mantiene compensada y evita gran parte de los riesgos que comporta por sí misma cuando no está controlada (pérdida del trabajo, ruptura con la pareja, abuso de drogas o suicidio, entre otras). En esta enfermedad, los mecanismos que controlan el estado de ánimo de una persona no funcionan correctamente, al igual que ocurre con la hipertensión respecto de los valores de presión arterial, de modo que, en circunstancias determinadas, se producen «subidones» o «bajones» exagerados del estado de ánimo, que pueden durar semanas o meses, cuya intensidad a veces requiere la hospitalización.
Las fases de euforia, denominadas fases maníacas, cursan con hiperactividad, exceso de confianza en uno mismo, irritabilidad, locuacidad y, en algunos casos, incluso con ideas delirantes; a pesar de que para los demás es muy evidente que el sujeto no se halla en su estado normal, el paciente tiende a creer que se encuentra perfectamente. En las fases depresivas, en cambio, parece que nadie entiende que la apatía, la falta de energía e interés por las cosas, el enlentecimiento y el cansancio no pueden resolverse mediante alguna actividad agradable o con fuerza de voluntad.
Los psiquiatras clasifican las enfermedades del estado de ánimo en dos grupos: las enfermedades bipolares y las unipolares. La enfermedad unipolar entraña exclusivamente fases depresivas (una o más), mientras que en la bipolar es necesaria por lo menos una fase maníaca, hipomaníaca o mixta. Las depresiones unipolares son en realidad un conjunto heterogéneo en el que destacan desde reacciones de tristeza ante un fracaso personal hasta enfermedades graves de origen básicamente biológico u orgánico.
El trastorno bipolar, en cambio, a pesar de presentarse de modos muy diversos en función de su gravedad, es mucho más homogéneo como categoría diagnóstica. La mayoría de la bibliografía divulgativa sobre la depresión hablan exclusivamente de la depresión unipolar, o bien mencionan de un modo tangencial un subtipo de depresiones que se tratan con litio para referirse a las depresiones bipolares. Aunque la depresión unipolar y la bipolar tienen puntos en común, mezclar las unas con las otras es equívoco porque algunas depresiones unipolares no tienen nada que ver con las bipolares.
Si desea saber si padece de trastorno bipolar consulte el siguiente link.
No hay comentarios:
Publicar un comentario